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¿Qué son las glándulas salivales?
Las glándulas salivales son estructuras que producen saliva, una sustancia que cumple funciones críticas: inicia la digestión, lubrica la mucosa bucal, protege los dientes, regula el pH de la boca y actúa como primera línea de defensa inmunológica contra bacterias y virus.
Existen tres pares de glándulas salivales mayores: la parótida, la sublingual y la submandibular (también llamada submaxilar). Juntas producen entre 0,5 y 2 litros de saliva por día, distribuidas en partes desiguales según la glándula.
Las glándulas submaxilares son un más que importantes
Las glándulas submandibulares o submaxilares, como también se las conoce, están ubicadas justo debajo del cuerpo de la mandíbula, en el triángulo submaxilar del cuello.
Son las más productivas de todo el sistema: aportan aproximadamente del 60 al 70% de toda la saliva que genera tu organismo en reposo. Pero cuando hay comida o se estimula el sensor de comer, es la parótida más importante.
Su posición anatómica es exactamente donde el cuello empieza a perder definición con el paso de los años.
Eso las convirtió en el “objetivo” de ciertos procedimientos estéticos. Pero su importancia funcional es enorme: sin una producción salival adecuada, la calidad de vida del paciente se ve comprometida de manera silenciosa e irreversible.
La extracción de glándulas submaxilares como técnica estética
En el último tiempo ha tomado impulso una práctica que consiste en reducir o extraer parcialmente las glándulas submandibulares durante cirugías de rejuvenecimiento del cuello, con el objetivo de mejorar el contorno mandibular y dar más “angulosidad” a la zona.
Esta indicación no es nueva se realiza en el contexto de facelifts de plano profundo desde los años 2000 pero su popularización reciente trajo consigo algo preocupante: pacientes jóvenes y de mediana edad sometiéndose al procedimiento sin una comprensión real de las consecuencias a largo plazo.
Lo que se sabe y lo que aún no
Desde el punto de vista médico, la extracción de las glándulas submaxilares está formalmente indicada para tratar patologías como cálculos salivales (sialolitiasis), infecciones crónicas y tumores. En esos casos, existe una justificación médica clara que pondera el beneficio frente al riesgo.
Cuando se realiza con fines exclusivamente estéticos, el panorama es diferente. Un estudio publicado en la Revista Española de Cirugía Oral y Maxilofacial que revisó 160 casos de submaxilectomía confirmó que la complicación más frecuente es la paresia (debilidad) de la rama mandibular del nervio facial, que afectó al 25,6% de los pacientes, aunque en esa serie todos se recuperaron en un período de hasta 6 meses.
La pregunta que nadie responde con honestidad
La gran pregunta no es qué pasa en los primeros meses posoperatorios La pregunta es: ¿qué pasa con el tiempo?
La glándula submandibular aporta entre el 60% y el 70% de toda la producción salival del organismo. Con la edad, la producción de saliva naturalmente disminuye por múltiples factores: deshidratación crónica, medicamentos, síndrome de Sjögren y el propio envejecimiento glandular.
Si a ese escenario le sumamos que el paciente ya se extrajo parcialmente las glándulas submaxilares décadas antes, el riesgo de desarrollar xerostomía crónica (boca seca severa) se multiplica.
Como señala un debate médico publicado en RealSelf con participación de cirujanos colegas especializados: “these conclusions are based on shorter follow-ups rather than lifelong monitoring. We frankly do not have the data to answer this question yet.” (Estas conclusiones se basan en seguimientos breves, no en monitoreo de por vida. Honestamente, aún no tenemos los datos para responder esta pregunta).
Dicho en castellano: nadie sabe exactamente qué le pasará al paciente operado a los 30, 40 o 50 años de la cirugía.
Las consecuencias de la boca seca no son menores
La xerostomía no es solo una incomodidad. Cuando la producción de saliva falla de forma sostenida, las consecuencias son sistémicas y progresivas:
- Deterioro severo del esmalte dental y caries aceleradas.
- Dificultad para masticar, tragar y hablar.
- Infecciones bucales recurrentes (candidiasis, gingivitis).
- Alteración del gusto y pérdida del placer al comer.
- Dificultad para digerir alimentos sólidos.
- Impacto directo en la calidad de vida y el bienestar emocional.
Un paciente de 45 años al que se extraen las glándulas submaxilares hoy puede no notar nada durante 15 o 20 años.
Pero el mismo paciente a los 65 o 70 años, que ya de por sí va a tener menor producción salival natural, puede enfrentarse a consecuencias muy serias con muy pocas opciones terapéuticas disponibles.
¿Existe una alternativa que no comprometa la salud?
Sí, y es precisamente lo que desarrollé durante más de 25 años de experiencia clínica especializada en cuello y cara.
El Deep Neck Corset Abulafia trabaja sobre las causas estructurales reales del envejecimiento del cuello, como la flacidez del músculo platisma, la grasa submentoniana, la pérdida de definición mandibular, sin necesidad de tocar ninguna estructura glandular.
El resultado es un cuello rejuvenecido, con ángulo mandibular definido, contorno natural y resultados que duran, respetando por completo la anatomía funcional del paciente.
No hay extracción de glándulas. No hay riesgo de boca seca en 20 años. No hay incertidumbre de largo plazo sobre estructuras vitales que no se pueden recuperar.
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El verdadero costo de ciertos “atajos” estéticos
Informarme y acompañarte antes de que tomes una decisión irreversible es parte de mi trabajo. La extracción de las glándulas submaxilares puede ofrecer un resultado visual inmediato, eso es cierto, y en algunos casos donde existe un aumento de tamaño, caída o prominencia de la glándula, puede incluso contribuir a distorsionar el contorno del cuello.
Sin embargo, se trata de una cirugía con riesgos reales durante la intervención y con consecuencias funcionales que la ciencia aún no puede predecir con certeza a 30 o 40 años vista.
Por eso, antes de decidir una extirpación, es fundamental conversar con el paciente en detalle sobre los pros y los contras, y entender que, aunque desde el punto de vista estético muchas veces “quitar la glándula” puede parecer la solución más directa, también implica consecuencias que deben ser evaluadas con seriedad junto al médico.
La cirugía que yo realizo mejora este problema, pero siempre preservando la anatomía y buscando un resultado estético eficaz sin comprometer estructuras que el cuerpo va a necesitar toda la vida.
Si buscás rejuvenecer el cuello de forma definitiva, con una técnica probada, sin cicatrices visibles y sin comprometer estructuras que tu cuerpo va a necesitar el resto de tu vida, el Deep Neck Corset es la respuesta.
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